Abusando de nuestros mayores
¿Os habéis fijado en la cantidad de abuelos que nos encontramos a diario por la calle al cuidado de niños o bebés? En ésta sociedad, en que la lucha por la supervivencia ha supuesto que padres y madres estén trabajando, hemos dejado una gran responsabilidad a nuestros mayores. Les hemos dejado a nuestros hijos. Ellos, por supuesto, no se niegan a la tarea de atenderlos. Son sus nietos, les quieren, pero, sobre todo, se sienten útiles y orgullosos que les encomienden una labor tan importante. Pero, ¿realmente están capacitados?
Es indudable que nuestros mayores han sido padres y están igual o mejor capacitados que nosostros para criar, cuidar y atender a niños o bebés. Pero también es indudable que la capacidad física y mental merma notablemente con la edad. Muchas veces, cuando estoy en el parque con mis hijas, he tenido que ayudar a abuelos a los que se les escapaba su nieto corriendo y no lo alcanzaban, o ayudarles a cojerlos porque se habían subido a algún sitio al que les costaba cojerlos,etc. También, lo habremos visto todos, se ven desbordados y les supera la situación, máxime cuando a veces van con más de un niño, o cuando éstos se ponen a llorar y no saben qué hacer.
La labor de los abuelos debería ser el disfrute de sus nietos. Su tarea debería ser “malcriar” a sus nietos, es decir, quererlos, mimarlos, consentirlos, permitirles caprichos,etc. Pero una responsabilidad tal como la de educarles y cuidarlos, porque se los dejamos a ellos buena parte del día, les supone un estress y tensión adicional, que en muchos casos provoca que no disfruten, ni les agrade. He oído muchas veces a abuelas quejarse, y expresar su disgusto, porque “ya dentro de un rato me traen al niño”. En condicones normales estarían encantadas y felices, pero al transformarles ésto en una obligación, les hemos robado el regocijo de ser abuelos, para ser cuidadores.
Respetando los casos en los que sea absolutamente necesario, debemos estudiar individualmente si pudieran haber otras opciones para el cuidado de nuestros hijos, aunque nos suponga una carga económica adicional, para que nuestros mayores se sientan felices y los momentos que pasen con sus nietos sean gozosos. Seguro que, también, nuestros hijos prefieren unos abuelos sonrientes y cariñosos, que no unos carceleros gruñones. Al final todos ganarían.
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